miércoles, 31 de mayo de 2017

La piedra de toque del Señor

Conferencia General Octubre 1986

Presidente Howard W. Hunter
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles
Howard W. Hunter 1“El medirá nuestra devoción hacia El en base a la manera en que amamos y servimos a nuestro prójimo. “
Antiguamente, una de las pruebas a las que se sometía el oro para determinar su pureza era efectuada con una piedra lisa, silicia, de color negro llamada piedra de toque. Cuando se rozaba con el oro dejaba una marca en su superficie. Entonces el orfebre comparaba el color de la marca con una tabla que contenía distintos tonos. Cuanto mas rojizo el color de la marca, mas alto el porcentaje de cobre o de impurezas, mientras que si era amarillenta, quería decir que la cantidad de oro era mas grande. Este proceso daba muestras claras de la pureza del oro.
El método de la piedra de toque para determinar la pureza del oro era rápido y ofrecía resultados satisfactorios en la mayoría de los casos, pero el orfebre que aun así ponía en tela de juicio la pureza del oro llevaba a cabo una prueba mas exacta mediante un proceso en el que se usaba el fuego.
Yo soy de la idea que el Señor ha preparado una piedra de toque para nosotros, un método externo que sirve para medir nuestra capacidad interna de discípulos, el cual marca nuestra fidelidad y soportara los fuegos aun por venir.
En una ocasión en que Jesús se encontraba enseñando a la gente, un cierto interprete de la ley se le acercó y le formulo esta pregunta: ”Maestro, ¿haciendo que cosa heredare la vida eterna?”
Jesús, el Maestro de maestros, le respondió al hombre, quien evidentemente era bien versado en la ley., y lo hizo con otra pregunta: “¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees?”
Entonces el hombre repitió con breves pero firmes palabras los dos grandes mandamientos: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”.
Con voz de aprobación Cristo le dijo: “Haz esto, y vivirás” (Lucas 10: 2528).
La vida eterna, la vida de Dios, la vida que todos buscamos, se basa en dos mandamientos. Las Escrituras nos dicen que ”de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). Amar a Dios y amar al prójimo. Los dos van de la mano; son inseparables. En el sentido mas sublime pueden considerarse sinónimos, y son mandamientos que todos y cada uno de nosotros podemos vivir.
La respuesta que Jesús le dio al interprete de la ley puede considerarse como la piedra de toque del Señor. En otra ocasión dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mas pequeños, a mi lo hicisteis” (Mateo 25: 40). El medirá nuestra devoción hacia El con base en la manera en que amamos y servimos a nuestro prójimo. ¿Que tipo de marca estamos dejando en la piedra de toque del Señor? ¿Somos en realidad buenos con nuestro prójimo? ¿Demuestra acaso la prueba que somos oro de 24 quilates, o puede detectarse una cierta cantidad de impureza?
Casi como disculpándose a si mismo por haber formulado una pregunta tan simple al Maestro, el interprete de la ley procuró justificarse con otra pregunta: “¿Y quien es mi prójimo?” (Lucas 10:29).
Todos deberíamos estar eternamente agradecidos por esa pregunta, pues en la respuesta del Salvador encontramos una de sus parábolas mas provechosas y explícitas, la cual cada uno de nosotros ha leído y escuchado una y otra vez:
”Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
”Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
”Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
”Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de el, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de el.
”Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele, y todo lo que gastes de mas, yo te lo pagare cuando regrese.” Lucas 10:30-35.)
Entonces Jesús le preguntó al interprete de la ley: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (Lucas 10:36.) Allí vemos cómo el Maestro nos extiende la piedra de toque del cristianismo, y nos pide que dejemos nuestra marca para que allí se mida.
En la parábola de Cristo, tanto el levita como el sacerdote deberían de haber recordado lo que la ley requería: ”Si vieres el asno de tu hermano, o su buey, caído en el camino, no te apartaras de el; le ayudaras a levantarlo” (Deuteronomio 22:4). Y si así se requiere con un buey, ¡cuanto mas dispuestos deberíamos estar de ayudar a un hermano necesitado! Pero como escribió el élder James E. Talmage, ” Cuan fácil es hallar excusas [para no hacerlo]; brotan tan espontáneamente como las hierbas al lado del camino” (Jesús el Cristo, pág. 456).
El samaritano nos dio un ejemplo del amor puro de Cristo. Tuvo compasión; se acercó al hombre al que hirieron los ladrones y vendó sus heridas. Lo llevó al mesón, lo cuidó, pagó sus gastos, y ofreció cualquier cosa adicional que fuera necesaria para que estuviera atendido. Este es un relato del amor de una persona por su prójimo.
Un antiguo adagio dice que ”el egoísmo empequeñece al hombre”; mas el amor tiene la propiedad de enaltecerlo. La clave esta en amar a nuestro prójimo, inclusive a aquellos a quienes nos resulte difícil amar. Debemos tener presente que si bien nosotros hacemos nuestras amistades, Dios ha hecho a nuestro prójimo y lo coloca en todas partes. El amor no debe tener límites; nuestras lealtades no deben ser estrechas. Cristo dijo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿que recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Mateo 5:46.)
José Smith escribió una carta a los santos, la que apareció en una publicación de la época, sobre el amor que le debemos a nuestros semejantes para ser justificados ante Dios. Dice así:
“Queridos hermanos: Uno de los deberes que todo santo debe observar libremente para con sus hermanos es el de amarlos y socorrerlos siempre. A fin de que seamos justificados delante de Dios, debemos amarnos los unos a los otros; debemos vencer el mal, visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarnos sin mancha del mundo, porque estas virtudes emanan de la gran fuente de la religión pura y fortalecen nuestra fe, añadiendo toda buena cualidad que engalana a los hijos del bendito Jesús. Podemos hacer oración cuando es tiempo de orar, podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y podemos ser fieles en la tribulación, sabiendo que el galardón de los que así obran es mayor en el reino de los cielos. ¡Que consuelo! ¡Que gozo! ¡Concédase que yo pueda llevar la vida de los justos, y que mi galardón sea como el de ellos!” (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 85.)
Estas dos virtudes, amor y servicio, son las que se requieren de nosotros si es que vamos a ser buenos prójimos y hallar la paz en nuestra vida. Seguramente que estas virtudes se hallaban en el corazón del élder Willard Richards; mientras se encontraba en la cárcel de Carthage, en la tarde del martirio de José y Hyrum, el carcelero consideró que estarían mas a salvo en la celda. El Profeta se volvió al élder Richards y le preguntó: “Si pasáramos a la celda, ¿vendría usted con nosotros?”
La respuesta del élder Richards estuvo colmada de amor: ”Hermano José,” dijo. ”usted no me pidió que cruzara el río a su lado; no me pidió que viniera con usted a Carthage; que viniera a la cárcel junto con usted; ¿piensa que lo abandonaría ahora? Déjeme que le diga lo que haré; si se le condena a ser colgado por ‘traición’, pediré que se me cuelgue en su lugar, y que a usted le dejen en libertad”.
Debe haber sido con marcada emoción y profundo sentir que José Smith contestó: “Pero no es posible que lo haga”. A lo cual el hermano Richards afirmó de nuevo: ”Pero si lo haré”. (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, 2: 283.)
La prueba del hermano Richards fue seguramente mayor a la que cualquiera de nosotros deberá enfrentarse jamas: fue una prueba de fuego mas bien que la de una piedra de toque. Pero si se nos pidiera que lo hiciéramos, ¿estaríamos dispuestos a dar nuestra vida por nuestra familia? ¿por nuestros amigos? ¿por nuestro prójimo?
La piedra de toque de la compasión es una forma de medir nuestra capacidad de discípulos; es una medida de nuestro amor hacia Dios y hacia nuestros semejantes. ¿Dejaremos una marea de oro puro, o, al igual que el sacerdote y el levita, daremos la espalda y pasaremos sin detenernos?
Que el Señor nos bendiga en nuestro afán de ser verdaderos discípulos y buenos prójimos. Ruego que cada uno de nosotros pueda ser un buen samaritano, en el nombre de Jesucristo. Amén.
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