domingo, 29 de abril de 2018

Los gobiernos terrenales y el Reino de Dios


Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young


El presidente Brigham Young, colonizador, estadista y primer gobernador de Utah, honró y sirvió a su gobierno. En julio de 1846, cuando los santos se preparaban para su jornada desde Iowa al Valle del Lago Salado, el gobierno de los Estados Unidos les pidió ayuda en la guerra contra México. Aunque el gobierno nunca había apoyado a los santos durante las dificultades que sufrieron en Misuri e Illinois, el presidente Young ordenó el reclutamiento del Batallón Mormón para ayudarle en esa guerra y prometió a sus integrantes que, si se comportaban correctamente, no habrían de participar en la lucha. Esta promesa se cumplió. Asimismo, el enlistamiento del Batallón Mormón otorgó algún dinero para ayudar a los santos en su éxodo hacia el Oeste norteamericano. Quinientos hombres salieron de los Campos de Israel en su afanosa marcha de más de 3.000 kilómetros hacia California y el Océano Pacífico. Refiriéndose a aquellos voluntarios, el presidente Young dijo: “Nunca recuerdo a esa pequeña compañía de hombres sin pensar, ‘Dios los bendiga siempre y para siempre’. Todo eso lo hicimos para demostrarle a nuestro gobierno que éramos leales” (DBY, 476). El presidente Young alentó siempre a los santos a ser leales a su gobierno, a obedecer sus leyes y a elegir a personas virtuosas y de integridad para los cargos públicos.

Las enseñanzas de Brigham Young

A fin de poder perdurar, los gobiernos terrenales deben basarse en las leyes de Dios.
Si una nación infringe leyes saludables y oprime a cualquiera de sus ciudadanos o a otro país hasta rebosar la copa de su iniquidad mediante acciones que estén perfectamente bajo su control, Dios arrancará del poder a sus autoridades, y éstas pasarán al olvido; y Él tomará a otro pueblo, aun a los pobres y despreciados, a los que sean un escarnio y un oprobio entre las naciones populares, y les conferirá poder y sabiduría; y progresarán y prosperarán hasta llegar a ser un gran país en la tierra (DBY, 357).
Dios hace que los imperios fuertes y potentes alcancen la cima de la grandeza humana para llevar a cabo sus inescrutables propósitos y, cuando así lo desea, los derrumba y arroja en el olvido de la antigüedad. Todos estos cambios extraordinarios están señalando y preparando el camino para inaugurar Su Reino en tiempos venideros, el cual permanecerá para siempre y progresará en grandeza y poder hasta el día en que una sagrada y perdurable paz religiosa y política causará que el corazón de los pobres de la humanidad se regocijen en el Santo de Israel, al reconocer que Su Reino existe triunfal en todo lugar (DBY, 357).
Un gobierno teocrático [es] aquel en el que todas las leyes se promulgan y administran en justicia y cuyos oficiales poseen esa potestad que procede del Todopoderoso (DBY, 354).
Si el Reino de Dios o un gobierno teocrático se estableciera en la tierra, mucho de lo que hoy se practica sería abolido (DBY, 354).
No se permitiría que una comunidad se dispusiera en oposición a otra para obligarla a obedecer sus normas; una religión no podría perseguir a otra porque no esté de acuerdo con sus propias creencias y su modo de adoración. Cada uno sería protegido en el disfrute de sus derechos religiosos y sociales y no habría nación, gobierno, comunidad ni persona que poseyese el privilegio de infringir los derechos de otros; ninguna comunidad cristiana se levantaría para perseguir a otra (DBY, 354).
Quienquiera que viva hasta el día en que el Reino de Dios se encuentre establecido en la tierra en su totalidad podrá ver a un gobierno que protegerá los derechos de toda persona. Si ese gobierno estuviese reinando actualmente… veríamos a los católicos romanos, a los católicos griegos, a los episcopales, a los presbiterianos, a los metodistas, a los cuáqueros, a los tembladores, a los hindúes, a los musulmanes y a toda clase de gente devota estrictamente protegida en sus derechos civiles y en su privilegio de adorar a quien, lo que y cuando le plazca sin que interfiera en los derechos de otros. ¿Podría cualquier persona honrada en su sano juicio desear una libertad mayor? (DBY, 355).
¿Cómo puede perdurar un gobierno libremente elegido? Hay una sola manera de lograrlo. Puede, sí, perdurar, pero ¿cómo? Puede perdurar como perdura el gobierno de los cielos, basándose en la roca eterna de la verdad y la virtud; y tal es el único fundamento sobre el cual cualquier gobierno puede perdurar (DBY, 355).
Los que gobiernan deben tener sabiduría e integridad.
Me agradan los buenos gobiernos y que entonces se administren sabia y justamente. El gobierno de los cielos, si fuese administrado con perversidad, llegaría a ser uno de los peores gobiernos sobre la faz de la tierra. No importa cuán bueno sea un gobierno, a menos que hombres sabios lo administren, se convertirá en un gobierno maligno (DNW, 3 de junio, 1863, 2.)
Ningún ser estará en condiciones de reinar, gobernar o mandar hasta no haberse… sujetado a la obediencia de la ley y demostrar que, al magnificar la ley que lo rige, es digno de ser el amo de esa ley (DBY, 357).
[Un buen gobierno requiere un líder que sea] capaz de comunicar al nivel del entendimiento de la gente, de acuerdo con su capacidad, toda información pertinente a la correcta administración gubernamental. Dicha persona deberá entender cuáles son las normas administrativas que habrán de beneficiar más a la nación. Deberá asimismo poseer el conocimiento y la disposición para ejercer sabiamente el poder para designar, hasta donde constitucionalmente le corresponda, y escoger sólo a hombres buenos y capaces como funcionarios. Deberá no sólo cumplir con los deseos legítimos y justos de sus electores, sino también ser capaz de ayudarles a entender y perfeccionar sus opiniones. Y todo buen funcionario en una administración propiamente elegida deberá trabajar en forma permanente para asegurar los derechos de todos, no importa cuál fuese su secta o su partido (DBY, 363).
Un pueblo debe dedicar sus sentimientos, su inspiración y su fe para escoger a la mejor persona como Presidente, aunque sólo tenga patatas y sal para alimentarse, una persona que no aspire a ser más importante que la gente que lo elija, sino que se contente con vivir como la gente vive, vestirse como la gente se viste y en todo buen sentido ser parte de ella (DBY, 363).
Queremos que para gobernar la nación haya hombres que aprecien más y se interesen más en el bienestar del pueblo en vez del oro y la plata, la fama o la popularidad (DBY, 364).
Los miembros de la Iglesia tienen el deber de ser ciudadanos responsables.
El dominio de sí mismo es la base de todo gobierno verdadero y eficaz, ya sea en los cielos o en la tierra… Un gobierno en manos de gente inicua terminará en la miseria, pero en manos de los justos es imperecedero en tanto que su poder se extienda a los cielos (DBY, 355).
Si vivimos nuestra religión, honramos a nuestro Dios y Su sacerdocio, honraremos también a todo gobierno y ley saludables que exista en la tierra… En las diversas naciones, reinos y gobiernos del mundo pueden encontrarse leyes, ordenanzas y estatutos tan buenos como puedan crearse para los mortales (DBY, 358).
¿Somos un pueblo político? Sí, en verdad muy político. Pero, ¿a qué partido pertenecen o por cuál votarán? Les diré por quiénes votaremos: votaremos por el hombre que haya de proteger los principios de la libertad civil y religiosa, el hombre de mayor conocimiento y que posee el mejor corazón y el mejor cerebro como estadista; y no nos importa en lo más mínimo que sea liberal, demócrata o republicano …o cualquier otra cosa. Tal es nuestra política (DBY, 358).
Nosotros, como todo otro buen ciudadano, debemos procurar que se elija a hombres que sientan la obligación y responsabilidades a las que un pueblo poderoso les somete, que sientan y reconozcan la importante tarea que se les ha encomendado por medio de la voz del pueblo al llamárseles a administrar la ley (DBY, 362).
¿A quiénes deseamos como funcionarios públicos? Como gobernantes, presidentes y estadistas, así como para cada cargo de confianza y responsabilidad, queremos a los mejores que podamos encontrar; y cuando los hayamos conseguido, oraremos por ellos y depositaremos en ellos nuestra confianza y nuestra influencia para que cumplan con la voluntad de Dios y se conserven a sí mismos y conserven al pueblo en la verdad y en la justicia (DBY, 358).

DBY- DISCURSOS DE BRIGHAM YOUNG


ENSEÑANZAS DE LOS PRESIDENTES DE LA IGLESIA: BRIGHAM YOUNG CAPÍTULO 36
https://www.lds.org/manual/teachings-brigham-young/chapter-36?lang=spa

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