viernes, 6 de abril de 2018

¿Votarás por un gobernante justo o por un corrupto?



La elección de un gobernante continúa siendo un tema de capital importancia como lo ha sido desde tiempos antiguos.

Todo sistema de gobierno, sea monarquía, república, democracia, etc., tiene las dos caras de la moneda, por ello es que los PRINCIPIOS contenidos en las Escrituras, en particular en el Libro de Mormón, son la clave para diferenciar el actuar de un gobernante recto o deshonesto, quien debería ser el primero en cumplir la ley.

MormonEl Libro de Mormón describe el próspero y justo reinado del rey Benjamín quien trabajó con sus propias manos a fin de poder servir a su pueblo, para que no fuesen abrumados con tributos, ni que cayera sobre ellos cargas pesadas de llevar (ver Mosíah 2:14). Por el contrario, también se describe al corrupto rey Noé, quien "no arriesgaba su persona fuera de los muros de la ciudad sin llevar a sus guardias consigo" (Mosíah 21:19); e impuso pesados tributos "para sostenerse a sí mismo, y a sus esposas y a sus concubinas", "sí, y de esta manera eran mantenidos en su pereza y en su idolatría y sus fornicaciones; con los tributos que el rey Noé había impuesto sobre los de su pueblo; de modo que trabajaban mucho para sostener la iniquidad" (Mosíah 11:4, 6). El capitán Moroni, quien no se deleitaba en el derramamiento de sangre, toma las riendas del ejército, una revolución, para restaurar la libertad del pueblo oprimido por el rey Noé.
Durante el gobierno de los jueces, Alma, el primer juez superior, a semejanza de un primer ministro, logra la paz y la prosperidad del pueblo; contrario a los jueces corruptos de la banda de Gadiantón infiltrados en el gobierno (ver Helamán 8:1), quienes lograron que el pueblo se distinguiera "por clases, según sus riquezas y sus oportunidades para instruirse; sí, algunos eran ignorantes a causa de su pobreza, y otros recibían abundante instrucción por motivo de sus riquezas" (3 Nefi 6:12). "Y de este modo lograron la administración exclusiva del gobierno, al grado... que volvieron la espalda a los pobres” (Helamán 6:39).
Ningún sistema que deje a las personas capacitadas en un estado de dependencia permanente es bueno, sin embargo, un sistema que ayude a las personas vulnerables, ya sea por su pobreza o falta de oportunidades de educación para alcanzar un estado en el que puedan valerse por sí mismas y, de ese modo, ser autosuficientes, es deseable. La prosperidad de un pueblo se alcanza mediante el cumplimiento de leyes que permitan la independencia económica sin descuidar a quienes no son tan privilegiados.

La democracia es un tipo de gobierno instituido por la mayoría de la voz del pueblo (Helamán 5:2), donde se escoge a hombres sabios y se facultan, para que tengan "el poder de decretar leyes, de conformidad con las que se habían dado, y ponerlas en vigor conforme a la iniquidad y los delitos del pueblo" (Alma 4:16). Sin embargo, el Libro de Mormón también detalla que el «partido» denominado los realistas "decían tener sangre noble" (Alma 51:21), es decir, se consideraban una «clase política» superior al resto del pueblo, luchando porque "se modificara la ley" (Alma 51:5) para salvaguardar sus propios intereses, estableciendo "decretos injustos", "para quitar el derecho a los pobres... y para robar" (2 Nefi 20:1-2).

La pugna entre partidos "concerniente a quién debía ocupar el puesto" (Helamán 2:1), condenaba "a los justos por motivo de su rectitud, dejando ir impunes al culpable y al malvado por causa de su dinero; y además de esto, siendo sostenidos en sus puestos, a la cabeza del gobierno, para regir y obrar según su voluntad, a fin de obtener riquezas y la gloria del mundo, y para más fácilmente cometer adulterio, y robar, y matar, y obrar según sus propios deseos" (Helamán 7:5).

El Libro de Mormón muestra que es la rectitud personal, y no los partidos, la que marca la diferencia entre la prosperidad y la decadencia de un pueblo. El Pdte. Benson, quizás el profeta con más formación política de la iglesia, quien fuera secretario de agricultura de los EEUU dijo: "Testifico que, al aumentar las fuerzas del mal bajo la dirección de Lucifer, y que, al aumentar las fuerzas del bien bajo la dirección de Jesús, habrá cada vez mas batallas entre las dos partes hasta que lleguen a la confrontación final; que al adquirir mayor relieve los problemas y volverse más obvios, todos los seres humanos tendrán finalmente que alinearse o con el reino de Dios o con el reino del diablo; que, al rugir esos conflictos, ya sea en secreto o al descubierto, los justos serán probados; que Dios proporcionará fortaleza a los justos y también los medios de escapar, y que, al fin, triunfará la verdad" (“Yo testifico”, Conf. Gral. Oct. 1988).

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